Estimada editora:
La polifarmacia en psiquiatría geriátrica representa un problema clínico prevenible, cuya
génesis se encuentra en un modelo de atención históricamente fragmentado. Dicho modelo
ha favorecido, durante décadas, prescripciones superpuestas sin una valoración integral del
riesgo farmacológico. Esta situación se ve agravada por la limitada evidencia científica
específica para la población geriátrica, pues conduce a la extrapolación inapropiada de
esquemas terapéuticos validados en adultos más jóvenes, sin considerar la mayor
vulnerabilidad de los adultos mayores a reacciones adversas e interacciones medicamentosas
potencialmente graves. (1,2) No obstante, el cambio de siglo marcó un punto de inflexión, al
documentarse mediante estudios epidemiológicos la elevada prevalencia del uso simultáneo
de múltiples psicofármacos, en ocasiones fuera de indicación formal, en este grupo etario.
Como respuesta, se ha promovido un modelo de prescripción prudente, que se fundamenta
en criterios explícitos, dosificación ajustada y de prescripción activa. Sin embargo, a pesar
de estos avances teóricos, la complejidad clínica intrínseca, la presión asistencial y la inercia
terapéutica perpetúan un escenario paradójico: la iatrogenia farmacológica es una de las
principales causas de morbilidad y hospitalización evitable en la población geriátrica. (2)
La Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica a la polifarmacia con psicofármacos
en el adulto mayor como un reto prioritario para la seguridad del paciente. A través de su
iniciativa global Medication Without Harm, subraya que el uso múltiple e inapropiado de
medicamentos constituye una causa prevenible de morbilidad, mortalidad y elevada carga
económica para los sistemas sanitarios. (3). La OMS enfatiza la vulnerabilidad única de este
grupo poblacional, derivada de los cambios farmacocinéticos y farmacodinámicos propios
del envejecimiento, sumados a la frecuente pluripatología. En consecuencia, la organización
no solo advierte sobre riesgos específicos como mayor incidencia de caídas, delirium o
deterioro cognitivo, sino que promueve una estrategia integral basada en tres pilares: 1)
prescripción basada en criterios explícitos y evidencia; 2) revisión sistemática y periódica de
la medicación con miras a la deprescripción; y 3) empoderamiento del paciente y su cuidador
mediante una comunicación clara y efectiva. (4)
La evidencia actual, como la revisada por Arriagada L et al. (3) sugiere que la polifarmacia en
psiquiatría geriátrica tiene su origen en una red multifactorial. Por un lado, la pluripatología
(p. ej., coexistencia de demencia, depresión y dolor crónico) frecuentemente motiva
prescripciones sintomáticas independientes, proceso exacerbado por la fragilidad, la
polimedicación concomitante y la reducción de la reserva homeostática. Por otro, la
fragmentación de la atención sanitaria favorece que distintos especialistas prescriban sin una
visión integral del esquema terapéutico total. A estos factores se suman la inercia terapéutica,