académica. Esto genera una brecha entre las políticas inclusivas y su aplicación práctica, que
afecta la retención y el desempeño académico de los estudiantes autistas.
La literatura científica reciente evidencia que la implementación de estrategias pedagógicas
adaptativas constituye un factor decisivo para la inclusión efectiva. Experiencias basadas en
el aprendizaje cooperativo, la tutoría académica, las tecnologías de apoyo y el diseño
universal para el aprendizaje (DUA) han demostrado mejoras significativas en la
participación, la motivación y el rendimiento del alumnado con TEA. Sin embargo, la
evidencia disponible se caracteriza por su fragmentación, metodologías heterogéneas y
ausencia de evaluaciones longitudinales, que permitan establecer conclusiones
generalizables. A ello se suma la escasa integración entre los enfoques pedagógicos
inclusivos y las políticas institucionales de accesibilidad. (3,4)
La atención a personas con síndrome de Asperger requiere una coordinación estrecha entre
la escuela, la familia y los servicios de salud. Los planes individualizados con metas
compartidas y reuniones periódicas permiten ajustar las estrategias según el progreso, y
garantizan apoyos sostenibles y pertinentes. En este proceso, la capacitación continua de los
equipos de atención primaria de salud resulta esencial, mediante protocolos de tamizaje, rutas
claras de referencia y un lenguaje respetuoso que se centre en las capacidades más que en las
limitaciones.
Las transiciones vitales, como el cambio de nivel escolar o el acceso al empleo, demandan
una preparación anticipada y acompañamiento constante, de modo que se reduzcan las
barreras y se favorezca la inclusión. En este sentido, la neurodiversidad se constituye como
un marco ético y operativo que orienta las prácticas hacia la aceptación de las diferencias y
la valoración de las fortalezas individuales.
El lenguaje y la comunicación deben evitar narrativas deficitarias, con enfasis en intereses,
autonomía y potencialidades. Bajo este enfoque, el diseño universal para el aprendizaje
ofrece múltiples vías de acceso, expresión, participación y privilegian la evaluación
formativa sobre la punitiva. Finalmente, la participación activa de la familia y del propio
paciente es indispensable: incorporar sus preferencias, metas y ritmos, junto con el
consentimiento informado y el co-diseño de apoyos asegura intervenciones más ajustadas y
respetuosas, orientadas al bienestar integral.