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y rápida, la señal visual es estable en el tiempo, lo cual permite al lector puede marcar
su propio ritmo; y los signos de puntuación trasmiten la información contextual que en
el lenguaje oral expresan la prosodia y los gestos faciales.(3,4,5,15,16)
El procesamiento del lenguaje escrito para la comprensión de la lectura inicia con un
análisis visuoperceptual de los grafemas. Esto implica que los puntos y líneas que
constituyen las letras se perciban independientes, dando lugar a un mapa de las
características perceptuales distintivas de cada una, las cuales luego se integran en la
forma de la letra. Este mapa de las formas de las letras accede a un almacén de
grafemas donde adquieren su carácter lingüístico y su salida de procesamiento es una
representación centrada en el objeto que designa, o mapa grafémico. Luego los
grafemas se transforman en una representación de contacto, que es la palabra escrita,
la cual debe ser capaz de activar en el léxico grafémico la palabra correspondiente.
Esta activación da lugar al reconocimiento de la palabra escrita y al acceso a toda su
información morfológica, sintáctica y semántica.(3,7,15)
Cuando estos mecanismos de procesamiento lingüístico del código verbal grafémico
fallan, la persona enfrenta dificultades para la compresión de la lectura, que pueden
ser consecuencia de una lesión cerebral adquirida posterior al desarrollo de las
habilidades básicas para la lectura, o pueden ser causa de una alteración para la
adquisición de esas habilidades básicas. En este segundo caso se manifiesta como un
trastorno específico para el aprendizaje de la lectura.(17,18)
Según el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, quinta edición, (DSM-
5),(19) el trastorno específico para el aprendizaje de la lectura se expresa en una lectura
de palabras imprecisa, lenta, con esfuerzo y muchas dificultades para comprender el
significado de lo que lee. Esta alteración tiene lugar en presencia de condiciones
socioculturales favorables, una inteligencia adecuada, la utilización de métodos de
instrucción adecuados y, sobre todo, la falta de una patología cerebral
demostrable.(15,16,18)
La ausencia de daño cerebral demostrable en el trastorno específico para el aprendizaje
de la lectura ha generado muchas hipótesis sobre su posible etiología.(3,4,5) Desde una
postura neuropsicológica se ha considerado que la dificultad para el aprendizaje de la
lectura este asociado a alteraciones perceptivo-visuales o a alteraciones auditivo-
lingüísticas que dificultan el acceso al significado de lo leído. Ciertas hipótesis cognitivas
plantean afectaciones en la asociación grafema-fonema. En tanto, hipótesis
neurolingüísticas consideran la presencia de alteraciones en la percepción simultánea
del hemisferio derecho o alteraciones del proceso de percepción secuencial del
hemisferio izquierdo.(3,4,5,12,20,21)
Al margen de las evidencias empíricas que puedan haber apoyado estas hipótesis,
actualmente se considera que las dificultades del aprendizaje pueden estar asociadas a
fallos en los sistemas de memoria.(3,22,23) Pues, el procesamiento de la información
verbal requiere además de componentes específicos y recursos de procesamiento, de
un dispositivo de almacenamiento a corto plazo que permita mantener la información