Las implicaciones del agua en la salud mental desde el enfoque holístico de Una salud
Rev. Hosp. Psiq. Hab. Volumen 22 | Año 2025 | Publicación continua
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El acceso inadecuado al agua potable es una preocupación primordial, sobre todo en los
países de ingresos bajos y medios. Es bien sabido que la escasez y la contaminación del agua
pueden provocar diversas enfermedades físicas, que a su vez pueden agravar los problemas
de salud mental. Por ejemplo, los estudios indican una correlación entre las enfermedades
transmitidas por el agua, como el cólera y la disentería, y una mayor prevalencia de ansiedad
y depresión en las poblaciones afectadas.(9,16) Estos hallazgos están respaldados por el estudio
de Dávila,(25) quien descubrió que el estrés asociado con el acceso al agua potable contribuía
de manera significativa al desarrollo de síntomas depresivos en mujeres de comunidades
rurales.
Además, la escasez de agua puede inducir sentimientos de impotencia y ansiedad, máxime
en comunidades que dependen de la agricultura. Un estudio reveló que las sequías
prolongadas, atribuidas al cambio climático, provocaron un aumento en los niveles de
trastorno de estrés postraumático (TEPT) entre los agricultores que perdieron sus medios de
vida.(18,22) Esto subraya la necesidad de considerar la dependencia agrícola en los debates
sobre el acceso al agua y la salud mental. Desde la perspectiva de Una salud, se hace evidente
que el deterioro de las condiciones ambientales afecta no solo la salud vegetal y animal, sino
también la resiliencia psicológica de las personas dentro de estos ecosistemas.
La calidad del agua también desempeña un papel importante en la salud mental. Las fuentes
de agua contaminadas pueden exponer a las personas a sustancias nocivas, como metales
pesados y patógenos, que se han vinculado al deterioro cognitivo y los trastornos del estado
de ánimo. Por ejemplo, la exposición a altos niveles de plomo proveniente de fuentes de agua
contaminada se ha asociado con un aumento de problemas conductuales y emocionales en
niños.(13,18) Salas y otros,(29) argumentan además que la exposición crónica al agua
contaminada puede provocar un aumento en las tasas de trastornos de ansiedad, lo que ilustra
la estrecha relación entre los factores ambientales y la salud mental.
Del mismo modo Arrequín y otros,(30) hacen referencia a que no debe subestimarse el impacto
psicológico de vivir en entornos donde no se puede garantizar la calidad del agua. Las
personas que enfrentan una incertidumbre crónica sobre su suministro de agua pueden
experimentar niveles elevados de ansiedad, lo que lleva a problemas de salud mental a largo
plazo. Esto coincide con los hallazgos de Alvarado,(28) quien destacó que los factores de
estrés ambiental, como la inseguridad hídrica, pueden manifestarse como diversos trastornos
de salud mental, incluidos el trastorno de ansiedad generalizada y la depresión.
Es importante comparar estos hallazgos con los presentados en otros contextos culturales.
Por ejemplo, en los países desarrollados, si bien el acceso al agua potable por lo general no
es un problema, los efectos de las crisis relacionadas con el agua, como las observadas
durante desastres naturales o fallas de infraestructura, revelan que las repercusiones en la
salud mental aún pueden ser significativas. La investigación de Rivero y otros,(1) demostró
que las personas afectadas por desastres, donde se interrumpió el suministro de agua,