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Revista del Hospital Psiquiátrico de
La Habana
Volumen 15 No 3 Sept-dic| Año 2025 | Publicación continua
ISSN: 0138-7103 | RNPS: 2030
_____________________________________________
Original
Protocolización y aspectos éticos de la terapia electroconvulsiva
Electroconvulsive therapy protocolization and ethic's aspects
Elieser López Cabezas
Departamento de Salud Mental del Municipio Boyeros. La Habana, Cuba.
Correos electrónicos: ocabezas@infomed.sld.cu ; mquasimodo111280@gmail.com
Protocolización y aspectos éticos de la terapia electroconvulsive
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RESUMEN
Introducción: Desde el principio, la terapia electroconvulsiva ha estado rodeada de
controversia. A ello contribuyó su uso abusivo e indiscriminado, así como el hecho de que
ejerza su acción terapéutica por mecanismos desconocidos hasta el momento. Por otro lado,
presentó efectos secundarios nada desdeñables, si bien en la actualidad se han minimizado.
Objetivo: Determinar los aspectos éticos vinculados a la terapia electroconvulsiva.
Métodos: Revisión temática basada en la bibliografía especializada, que posee información
vigente y relevante sin importar el año de su publicación. La búsqueda se realizó en las
bases de datos: Intramed, Pubmed, Google Académico, Cochrane y Medline, utilizando
descriptores en español, inglés y francés. Fueron consultados, además, libros, manuales y
protocolos impresos sobre el tema, tanto de nuestro país como foráneos.
Desarrollo: La terapia electroconvulsiva consiste en la inducción eléctrica de convulsiones
generalizadas en diferentes sesiones. Se usa como tratamiento en múltiples trastornos
psiquiátricos, ya sea de primera elección o cuando otras formas terapéuticas han fallado,
precisamente por los aspectos negativos se debe solicitar el consentimiento informado al
paciente o a los familiares antes de aplicarla y se deben tener las condiciones mínimas
indispensables para su ejecución segura.
Conclusiones: Es un procedimiento terapéutico en el cual se han de tener en cuenta, sobre
todo, dos principios éticos importantes: la beneficencia (analizar riesgo-beneficio) y la
autonomía (consentimiento informado), sin los cuales no sería posible su ejecución.
Palabras clave: terapia electroconvulsiva; ética; beneficencia; autonomía.
ABSTRACT
Introduction: In the beginning the electroconvulsive therapy was controversial. The
contribution at this idea was the use and abuse of this therapeutic method in the treatment of
many behavior disorders. Also yet the science don´t know the curative factor and the
secondary effects are certainly dangerous in occasions. For thesereasons we realized this
investigation about etic problems of electroconvulsive therapy.
Objective: The objective of this investigation was to determine the ethics principles.
Methods: Thematic review based on the literature, which has current and relevant
information regardless of the year of publication. The search was conducted in the databases:
Intramed, Pubmed, Google Scholar, Cochrane, and Medline, selected descriptors in Spanish,
English and French. We used classic and recent bibliography for a major compression of
these issues.
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Development: It was important to for this research the general norms we should show in
electroconvulsive therapy: to use adequate technique, the session's frequency, the anesthesia
and other items. It is very important for this method a lot of principles of etic; in this case we
need to talk about beneficence and autonomy. Autonomy requires that a person act
intentionally after being given sufficient information and time to understand the benefits,
risks, and costs of all reasonable options. The requirement for psychiatrists to act with
beneficence derives from their fiduciary relationship with patients and the profession`s belief
that they also have an obligation to society. As a result of the role obligation of trust,
psychiatrists must heed their patient's interests, even to the neglect of their own.
Conclusions: Autonomy and beneficence are very important for the execution of this
therapy.
Keywords: electroconvulsive therapy; etic; beneficence; autonomy.
INTRODUCCIÓN
La aparición de la terapia electroconvulsiva (TEC) mar un hito en la historia de la
psiquiatría, ya que por primera vez se podía contar con un método relativamente eficaz para
tratar a los enfermos mentales. Pese al ulterior avance de otros tratamientos y,
fundamentalmente, de los psicofarmacológicos, no deja de ser sorprendente el hecho de que
continúe siendo de utilidad e, incluso, sea de elección en algunos casos.(1)
Fue en 1938 cuando dos psiquiatras italianos, Ugo Cerletti y Lucas Bini, que trabajaban en
la Universidad de Roma, introdujeron lo que ellos denominaron electroshock. Sin embargo,
y pese a su efectividad en el tratamiento de enfermedades como la depresión y la
esquizofrenia, demostrada en múltiples estudios (hoy en día ya clásicos, tales como el
promovido por el Medical Research Council, en 1965, en el que la TEC fue superior tanto a
la imipramina como a la fenelcina y al placebo), las críticas recibidas y su cuestionamiento
han sido constantes.(1,2) Estas detracciones toman forma con la aparición del movimiento
denominado antipsiquiatría, a finales de los años 60, encabezado por Laing y Cooper. Es
cierto que en ocasiones la TEC se usó para controlar la agresividad o como castigo en
pacientes poco colaboradores, justificándose su oposición en estos casos. (3) La causa de su
mala prensa fue la politización progresiva de la que fue víctima la psiquiatría, utilizando la
controversia para reafirmar el papel opresor de la sociedad capitalista y, como paradigma de
ello, el uso de la TEC como medio represor. (4,5) Los trabajos encaminados a demostrar su
inocuidad han sido varios, como muestra la revisión realizada sobre el tema por Devanand y
otros, en 1994, en la que concluyeron diciendo que no se habían encontrado hasta el
momento, incluso con el uso de técnicas modernas para la fecha, ninguna evidencia de daño
cerebral.(6,7)
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Con todo, la polémica sigue abierta. Por lo tanto, nos proponemos en el presente trabajo
realizar un análisis crítico de esta terapia y develar los aspectos éticos a los que se puede
vincular.
MÉTODOS
Se realizó una revisión temática de la literatura especializada. Fueron consultadas las bases
de datos: Intramed, Pubmed, Google Académico, Cochrane, y Medline, utilizando
descriptores en español, inglés y francés. Además, se realizó la consulta en revistas, libros y
protocolos especializados en el tema no indexado en internet.
Para el desarrollo de la investigación se tuvo en cuenta que la información estuviera vigente
y fuese relevante, sin importar el año de su publicación. Se tuvieron en cuenta investigaciones
académicas, trabajos originales y artículos de revisión de voces autorizadas en el tema. Se
utilizaron como referencias, solamente aquellos documentos que fue posible revisar el texto
completo.
DESARROLLO
La TEC consiste en la inducción eléctrica de convulsiones generalizadas en diferentes
sesiones.(8) Podemos considerar unas indicaciones primarias (como tratamiento de primera
línea) y otras secundarias (cuando los pacientes no han respondido a otros tratamientos). (9)
Las indicaciones primarias serían en los trastornos depresivos: con síntomas psicóticos o no,
cuando existe inhibición intensa (estupor melancólico), elevado riesgo de suicidio, ideas
delirantes de negación (síndrome de Cotard), ansiedad o agitación intensas, buena respuesta
a TEC en episodios previos, clínica de melancolía o pseudodemencia depresiva, en la
esquizofrenia: con agitación o estupor catatónico, episodios agudos con intensa agitación y
gran desorganización conductual y cognoscitiva, y en los episodios maníacos o mixtos, si la
respuesta farmacológica es insuficiente.(8)
Las indicaciones secundarias, por otra parte, podrían ser en los episodios depresivos: cuando
el paciente no responde a los antidepresivos, después de seis u ocho semanas de dosis
terapéuticas, cuando en episodios previos no ha habido una buena respuesta a los
antidepresivos ni a las opciones de no respuesta, cuando existe contraindicación de
antidepresivos, existe rechazo a comer o a beber, depresión en edad avanzada o involutiva,
en la esquizofrenia cuando: no hay respuesta al tratamiento antipsicótico después de cuatro
a seis semanas de dosis terapéuticas, cuando el paciente se niega a tomar el tratamiento y es
imposible asegurar un correcto cumplimiento, cuando hay intolerancia o efectos adversos de
los antipsicóticos y otros trastornos como: enfermedad de Parkinson, especialmente con
fenómeno on-off, discinesia tardía, síndrome neuroléptico maligno, epilepsia intratable,
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enfermas embarazadas con episodios psicóticos (maníacos, depresivos, esquizofrénicos),
preferencia del paciente ante otros tratamientos.
Si bien no existen contraindicaciones absolutas, se pueden considerar las siguientes
situaciones clínicas como contraindicaciones relativas: Insuficiencia cardiaca no
estabilizada, trombosis venosa profunda sin tratamiento anticoagulante, infección
respiratoria aguda, infarto agudo de miocardio (< 3 meses y según severidad), accidente
vascular cerebral reciente (< 1 mes y según severidad), presión intracraneal aumentada /
aneurisma cerebral no tratado, fractura mayor inestable y feocromocitoma no tratado.(10,11,12)
Antes de realizar el tratamiento, todos los pacientes deben disponer de una evaluación
psiquiátrica que lo indique, una evaluación somática preanestésica y haber firmado del
consentimiento informado. Los pacientes deben recibir una hoja informativa donde se
explica la técnica de la TEC, su funcionamiento y los efectos adversos, así como información
de la indicación de TEC por su trastorno en particular, de la relación riesgo-beneficio y de
las alternativas de tratamiento. La validez del consentimiento informado es de seis meses. Si
se realizan más sesiones de las inicialmente previstas, o bien, en la TEC de mantenimiento
superior a seis meses, se precisará la obtención de un nuevo consentimiento informado.(12) La
evaluación somática pre TEC incluye una exploración física pulmonar, cardiovascular y
neurológica. Como pruebas complementarias se incluirán: una radiografía de tórax, un
electrocardiograma (ECG) y una analítica general (glucosa, urea, creatinina, ionograma,
función hepática, hemograma y sedimento urinario).(12,13,14,15,16,17)
El grupo terapéutico de la TEC está constituido por un psiquiatra, un anestesista y un equipo
de enfermería formado ad hoc. El tratamiento se suele programar en el horario de las
mañanas y el paciente debe estar en ayunas de seis a ocho horas antes. El local debe ser una
habitación ventilada, la camilla debe ser de madera o una de metal forrada con un aislante de
la electricidad, para asegurar la cantidad mínima indispensable de transmisión de electricidad
para el paciente. Además, es imprescindible la existencia de un paquete de primeros auxilios
en caso de que exista alguna complicación.
Luego de acomodar al paciente en la camilla, se deben sujetar con firmeza, pero sin
demasiada presión, los hombros y las piernas, para evitar fracturas y luxaciones, así como
sujetar la mandíbula con algún objeto, para evitar sangramientos por rotura de pequeños
vasos durante la convulsión o la caída de los dientes, por lo que se deben quitar las prótesis
dentales en aquellos pacientes que las tengan. El anestesista administra el anestésico y el
miorrelajante en pequeñas dosis. Se aplican los electrodos en ambas sienes al mismo tiempo,
durante un tiempo de 0,5 segundos (los equipos modernos se apagan automáticamente al
transcurrir ese tiempo) o al vislumbrar los primeros indicios de la convulsión como la apnea,
la cianosis distal o el signo de Babinski en los pies. Se recomienda tener conectado al paciente
un monitor de la función cardiovascular para la prevención de estas complicaciones.(12,17)
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La frecuencia de los tratamientos puede ser de dos o tres por semana. El resultado final en
eficacia es por igual, pero más rápido con la segunda modalidad.(12) Algunos autores
proponen abandonar el tratamiento si no existe mejoría clínica después de administrar
adecuadamente seis sesiones.(17)
Las complicaciones cardiovasculares y pulmonares son la primera causa de muerte y
morbilidad significativa en la TEC.(12) La Sociedad de Psiquiatría Norteamericana (APA, por
sus siglas en inglés) ha establecido que una estimación razonable de la mortalidad
relacionada con la TEC es de 1 por 10 000 pacientes o de 1 por cada 80 000
tratamientos.(18) Los efectos adversos cognitivos son las principales complicaciones que
limitan su uso. La magnitud de los problemas cognitivos observados está en función del
tiempo transcurrido desde el último tratamiento hasta la evaluación, y del número de
tratamientos recibidos.(12) La TEC no produce lesiones cerebrales estructurales
irreversibles.(10)
Análisis bioético
El principio que guía todo acto dico es el de beneficencia, explicitado en el Juramento
Hipocrático. La TEC no es una técnica nueva, mas su eficacia en tratar determinados cuadros
psiquiátricos ha sido contrastada. En los trastornos depresivos, sobre todo los de
características endógenas, la TEC demuestra un mayor porcentaje de respuestas que, incluso,
un antidepresivo tricíclico "patrón", como es la imipramina. Asimismo, su respuesta es más
rápida que con estos últimos, lo que la convierte en el tratamiento de elección en casos de
riesgo vital, por la situación somática o por la posibilidad del suicidio. (1,18,19) La APA
recomienda su aplicación en el tratamiento de trastornos afectivos mayores, catatonías y otras
psicosis donde la situación clínica sea severa y otras terapias estén contraindicadas o hayan
sido ineficaces. De lo que se deduce que, en la esquizofrenia, su aplicación queda reducida a
la forma catatónica (si bien en este caso sería de elección) y a cuadros resistentes a los
psicofármacos, sobre todo, si presentan un cierto componente afectivo.(20)
Si una vez realizado un diagnóstico correcto se decide aplicar la TEC siguiendo estas
indicaciones para las que ha demostrado ser un tratamiento eficaz, el primer escollo que se
plantea, basado en la necesidad de obrar según el principio de beneficencia, queda salvado.
Pero además, la observancia de este principio, implica el de no inducir mal al enfermo,
expresado en la frase latina primum non nocere. En relación a esto, Devanand(6) no hallaba
en la literatura ningún trabajo realizado con rigor en el que se apreciaran signos de daño
cerebral con los medios de neuroimagen actuales (TAC y RMN), así como tampoco en los
estudios post mortem.(6)
Por otro lado, el riesgo de la técnica no es mayor que el derivado del uso de la anestesia,
equiparable a las cirugías menores, cifrándose la mortalidad en aproximadamente por 100
000. Hoy en día, aplicando la adecuada miorrelajación y oxigenación, se minimizan otros
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posibles riesgos frecuentes en los primeros usos de la TEC, tales como: fracturas de cuerpos
vertebrales y luxaciones producidas por la crisis, los que se convierten enser
excepcionales.(3) Debemos decir, sin embargo, que parece constatada la existencia de
trastornos mnésicos, que según la literatura son transitorios y limitados al periodo de
tratamiento y no afectan a otras áreas cognitivas ni de aprendizaje en la vida futura del
paciente.(21)
Todo lo dicho en los párrafos previos es válido, siempre y cuando la técnica sea la correcta
no solo en relación al uso de la miorrelajación, anestesia y monitorización del paciente, sino
también se apliquen un número limitado de sesiones por cada tanda de aplicación que no
deberían sobrepasar las doce, así como la frecuencia entre sesiones no ser superior a la 48
horas. Esto ha de ser así para evitar que el edema producido tras las crisis tenga un efecto
sumatorio sobre la siguiente, dando tiempo a reabsorberse y evitar el consiguiente aumento
de la presión intracraneal. Además no debe darse más de una tanda por año, según las
recomendaciones de la APA.(20)
Con los argumentos anteriores se solventa el conflicto de consecuencias, por el cual se
justifica el empleo de la TEC, al ser mínimos los efectos secundarios en relación a la mejoría
en la calidad de vida del enfermo.(22) Sin embargo, tales argumentos resultan insuficientes,
no podemos dar por resueltos todos los problemas éticos que plantea la TEC. La psiquiatría
es una especialidad médica que reúne unas particularidades que la diferencian de las otras,
tanto desde el punto de vista teórico como práctico. En primer lugar ha de tenerse en cuenta
que se están tratando enfermedades que anulan en mayor o menor medida la libertad de la
persona y en las que la dolencia y la persona forman parte de una misma cosa, siendo muy
difícil separarlas. De esto se deduce que, en algunas ocasiones, el paciente puede no sentirse
como tal y no tener conciencia de enfermedad.(1) De este modo se llega al espinoso tema de
la competencia, de cuya consideración se pueden derivar una serie de situaciones hipotéticas:
a) que el paciente sea competente y acepte el tratamiento con TEC,
b) que el paciente sea competente y rechace el tratamiento con TEC,
c) que el paciente no sea competente y acepte el tratamiento con TEC y, por último,
d) que el paciente no sea competente y rechace el tratamiento con TEC.
Las situaciones b) y d) son, obviamente, las que plantean problemas éticos, pues hacen entrar
en conflicto el principio de beneficencia y de autonomía. Cuando el paciente no es
competente y acepta el tratamiento con TEC, al considerarse de mayor valor mantener el
derecho de la persona a tomar las decisiones en torno a su vida que juzgue las adecuadas, de
forma deseada y con pleno conocimiento de las implicaciones y, por supuesto, sin influencia
externa, se preserva su derecho a rechazar el tratamiento para salvaguardar el principio de
autonomía. (1) Pero para considerar que el paciente toma la decisión con pleno conocimiento,
ha de recibir una adecuada información por parte del médico para otorgar o denegar su
consentimiento.
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Este consentimiento debe darlo el paciente siempre que el médico vaya a utilizar técnicas
invasivas sobre el cuerpo de aquel y, al ser la TEC considerada como tal, se debe de realizar
el consentimiento informado, en caso de omitirse, no solo estaría el médico incurriendo en
una falta ética, sino que, incluso, se le podrían imputar cargos desde el punto de vista
legal.(23) La información que debe facilitar el médico incluiría una descripción detallada del
procedimiento de la TEC; sus riesgos y posibles efectos secundarios, las posibilidades de
otros tratamientos alternativos, las razones por las que se recomiende este y no otros
tratamientos, y, por supuesto, la posibilidad por parte del paciente de revocar su
consentimiento.(20) Toda esta información tiene que ser, además, por escrito, en copias
iguales para el médico y el paciente o su representante en caso de no competencia. Ambos
originales deben ser firmados por el paciente o, en caso de no competencia, por terceras
partes que asuman la responsabilidad. (24)
El segundo supuesto que plantea conflicto es el caso en que el paciente no sea competente y
rechace el tratamiento. La competencia de una persona es un concepto que implica una
capacidad para tomar decisiones de forma libre, al comprender la cualidad de una situación
y sus posibles consecuencias. Se han propuesto varias pruebas para determinar la
competencia de un paciente psiquiátrico.(25) Sin embargo, la mayoría de ellas están basadas
en que el resultado de la elección sea razonable, es decir, basado en razonamientos lógicos.
También se basan en su capacidad para comprender de forma real lo que se le explica. Esto
implica la conservación de una serie de funciones, que subyacen en el cerebro del paciente,
que es el órgano afectado, lo que ha promovido críticas comprensibles. (23) De hecho, en la
experiencia clínica es difícil determinar hasta qué punto la enfermedad mina la capacidad del
enfermo para tomar decisiones. Una vez establecida la no competencia del enfermo, se ha de
recurrir a las denominadas terceras partes. Estas serán, en la mayoría de los casos, familiares
o bien amigos que conozcan sobradamente al enfermo, para poder inferir del estilo de vida o
de anteriores decisiones tomadas por él, la decisión que él tomaría, tanto desde el punto de
vista de sus deseos como de sus intereses. De esta forma se resuelve el conflicto ético creado
por el choque de intereses entre el principio de autonomía y de beneficencia. (23)
En el Hospital Psiquiátrico de La Habana "Eduardo B. Ordaz Ducungé" se cumplen los
principios éticos con rigor relacionados a la TEC, y existe un protocolo de actuación sobre
este procedimiento, donde se manifiesta lo anteriormente expuesto:
I. Se seleccionan adecuadamente los pacientes que por su diagnóstico necesitan esta forma
de tratamiento.
II. Se les realizan los complementarios imprescindibles del chequeo pre TEC, y un examen
físico exhaustivo, para descartar cualquier patología orgánica que entorpezca la evolución
del paciente, así como que contraindique, por la posibilidad aumentada de la aparición de
complicaciones, el procedimiento.
III. Se garantiza la ayuna absoluta, previendo posibles broncoaspiraciones.
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IV. En el acto hace presencia de carácter obligatorio, un anestesista o técnico de anestesia,
que garantiza la seguridad del paciente y que administra los miorrelajantes y anestésicos.
V. Se realiza la terapia, en local adecuado, con todos los aditamentos y personal necesario.
VI. Siempre se solicita el consentimiento informado del paciente o los familiares, antes de
comenzar con el procedimiento.
No obstante si las circunstancias lo ameritan, o sea cuando existe peligro para la vida del
paciente o para quienes lo rodean, el psiquiatra, está autorizado por la ley, a ofrecer dos TEC
de urgencias, medida que sigue vigente, pero en realidad ha caído en desuso por las
implicaciones éticas que conlleva.(26)
Todas estas precauciones no son recientes, desde el mismo Triunfo de la Revolución, en
Cuba se han tomado las medidas para preservar la salud de los pacientes que se someten a
procederes invasivos, así que la Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana, ya en los
años sesenta del pasado siglo publicaba una monografía que trataba de las normativas de la
TEC y en 1995, en coauspicio con el MINSAP y la Sociedad Cubana de Psiquiatría, se
publicó el listado (bien extenso e inclusivo) de los derechos de los pacientes psiquiátricos de
manera general y de los que se encontraban hospitalizados o en régimen
ambulatorio.(27,28,29,30)
En conclusión, la terapia electroconvulsiva es un procedimiento terapéutico en el cual se han
de tener en cuenta, sobre todo, dos principios éticos importantes: la beneficencia (analizar
riesgo-beneficio) y la autonomía (consentimiento informado), sin los cuales no sería posible
su ejecución.
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Conflicto de intereses
El autor declara que no tiene conflicto de intereses.