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El profesor Cairo pertenecía a esa pléyade de hombres sanos de cuerpo, mente y alma.
El encuentro en el espíritu que tuvo lugar entre el Dr. Cairo y este cronista se produjo
cuando comenzó a publicar, en la Revista Cubana de Psicología, de la que fuera director-
editor durante varios años, artículos sobre Psicodiagnóstico Rorschach y otras líneas
temáticas relacionadas con la Psicología Clínica y de la Salud.
La relación que se entabló entre nosotros fue, primero, de índole estrictamente
profesional, pero después fue invadiendo poco a poco «como llega cojeando la verdad
de la mano del tiempo», al decir del pensador griego Annon, nuestras respectivas esferas
afectivo-emocionales hasta llegar a establecer un vínculo indisoluble, que la muerte
solo ha podido interrumpir, pero no destruir.
Fui testigo de mayor excepción de la lucha frontal que el profesor Cairo libró contra
Tanatos, ya que su organismo había sido atacado por una afección maligna que
amenazaba con privarlo del mayor tesoro que tenemos los seres humanos: la vida.
No obstante, la energía positiva que irradiaba por todos los poros del cuerpo y el alma,
el eficaz tratamiento médico que se le indicó y siguió al pie de la letra, así como sus
inmensos deseos de seguir entre nosotros, y de ser útil al otro, sobre todo a los
estudiantes de la Facultad de Psicología, donde escribió su leyenda profesional y
personal, le permitieron seguir en pie de lucha hasta que un infarto cardiaco apagó para
siempre su fecunda existencia terrenal.
El Dr. Cairo tuvo grandes deferencias con el autor de esta evocación literaria: en 2004
lo invitó a ser miembro del tribunal de examen de premio de la asignatura Metodología
de la Investigación, que impartía en esa especialidad de las ciencias neurales y sociales,
a participar como oponente o asesor en tribunales de pre-grado, maestría y doctorado,
a intervenir como ponente en eventos científico-académicos organizados por la Facultad
de Psicología, a acompañarlo, en dos ocasiones, a universidades mexicanas, para que
dictara posgrados sobre Psicodiagnóstico Rorschach con orientación analítico ortodoxa;
invitaciones que este escribidor tuvo que declinar por su avanzada edad y el precario
estado de salud (la segunda vez que tuvo tal gentileza acababa de salir de alta del
Hospital «Hnos. Ameijeiras», donde estuvo recluido durante dos semanas por un proceso
séptico pulmonar, que casi lo lleva a la tumba, y le dejó como secuelas una diabetes
secundaria y la exacerbación de la hipertensión arterial que padece desde los 20 años
de edad).
La fructífera trayectoria científico-profesional y docente-educativa del Dr. Cairo no
cabe en el estrecho contexto de este homenaje póstumo, y que es genuina expresión
del cariño, afecto y respeto que sentía hacia ese eminente intelectual cubano, que
también incursionó —con éxito indiscutible— en los campos de la literatura y el
periodismo científicos. Sin embargo, quisiera destacar que era miembro titular de la
Sociedad Cubana de Psicología de la Salud y de la Sociedad Cubana de Psicología; esta
última le confirió el Premio por la obra de la vida, que le fuera entregado en el
capitalino Palacio de Convenciones, en 2016.