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posterior del lóbulo temporal e incluso al giro angular y supramarginal del lóbulo
parietal, lo que coincide con las regiones cerebrales involucradas en la afasia de
Wernicke.
(15)
La afectación, tanto de la ínsula y regiones profundas del lóbulo temporal
superior por el tumor, así como de la zona temporal posterior y parietal inferior debido
al edema, explicarían por qué la paciente demostró características de ambos subtipos
de afasia de Wernicke anteriormente descritos. Más aún, habrá que considerar que
cierta disminución del edema perilesional que afectaba la zona temporal posterior y
parietal inferior debido al tratamiento con esteroides, explicaría la razón de que el
lenguaje fuese totalmente ininteligible cuando debutó el cuadro y mejoró al momento
de la evaluación formal, aunque conservaba una disminución en el contenido
informativo y la presencia de parafasias.
Los errores (como agramatismos y parafasias) en el lenguaje expresivo, en la repetición
y la denominación, y los errores en la comprensión que presentó la paciente son
características propias de una afasia de Wernicke. Este tipo de afasia puede
diferenciarse de otras al ser fluente, relativamente conservar la lectura, verse afectada
la repetición, la comprensión y la denominación y tener un correlato anatómico en
regiones temporal posterior superior y extenderse a regiones angular, supramarginal e
insular.
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Una diferencia relevante entre la afasia de Wernicke y la afasia transcortical
sensorial, un diagnóstico diferencial común, es que en esta última se conserva la
repetición,
(11)
lo que ayuda a confirmar nuevamente el diagnóstico del caso presentado
como una afasia de Wernicke.
Ahora bien, dado que la supervivencia en pacientes con GM es menor al 8 % de los
casos,
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existen pocos estudios sobre las secuelas cognitivas a largo plazo. Uno de los
pocos estudios realizados en esta población (con 3 años de diagnóstico y seguimiento)
describe la presencia de fatiga, movilidad restringida y sintomatología depresiva; así
como una afectación en la coordinación visuomotora, la atención, la memoria y las
funciones ejecutivas.
Los autores concluyen que las afectaciones cognitivas pueden impedir la participación
laboral, personal o social de los pacientes y repercutir en la calidad de vida.
(16)
En una
revisión sistemática se halló que la supervivencia de un GM suele ser de 12-14 meses y
que menos del 10 % de pacientes sobrevive dos años a partir del diagnóstico. Más aún,
se describe que hasta el 85 % de los sobrevivientes presentan afectaciones neurológicas,
de los cuales el 35 % puede llegar a necesitar ayuda en las actividades de la vida diaria;
entre el 40 y el 100 % presentan secuelas cognitivas y el 30 % presentan problemas de
comunicación, particularmente disminución de la fluidez y disfasia. Estas afectaciones
pueden generar dificultades laborales, sociales y económicas y disminuir de manera
relevante la calidad de vida de los sobrevivientes.
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Dadas las secuelas cognitivas y
funcionales, algunos pacientes pudieran requerir de una intervención que favoreciera
su estado cognitivo. Sin embargo, la mayoría de los pacientes con GM tienen una
sobrevida corta, por lo que en estos casos se recomiendan intervenciones que busquen
compensar las fallas cognitivas y favorezca el trabajo con la familia para mejorar la
calidad de vida, más que intervenciones exhaustivas, como las que usualmente se
recomiendan en la rehabilitación neuropsicológica.
(18,19)
Por ejemplo, ante un