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Revolución francesa, luego se transforma en medicina mental a causa de los estudios
clínicos y anatomopatológicos y, con Emil Kraepelin (1856-1926) y Valentin Magnan
(1835–1916), el término adquiere su concepto actual. Esta rama de la medicina se ocupa
del estudio, prevención, tratamiento y rehabilitación de los trastornos psíquicos,
entendiéndose como tales tanto las propiamente psiquiátrica como las patologías
psíquicas, entre las que se incluyen los trastornos de la personalidad.
En la Edad Antigua las diferentes civilizaciones tenían una concepción mágico-religiosa
o demonológica de casi todas las enfermedades, lo que era mayor en los trastornos
mentales. En Mesopotamia, sus primeros médicos fueron los sacerdotes de Assipu, que
se ocupaban de las enfermedades internas, especialmente, de las afecciones mentales,
que eran consideradas como posesiones demoníacas. El papiro de Edward Smith,
reconoce al cerebro como localizador de las funciones, además describen un trastorno
emocional, que después los griegos denominan histeria”.
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De la cultura grecorromana, los griegos, encabezados por Hipócrates (460-377 a. n. e)
fueron los primeros en estudiar las enfermedades mentales desde el punto de vista
científico y en separar el estudio de la mente de la religión. En el corpus hipocrático se
describen diferentes causas de las enfermedades mentales, causadas por un desajuste
de los cuatro humores esenciales (flema, bilis amarilla, bilis negra y sangre) –teoría que
luego asume también Galeno (130-216 a. n. e.)–, los que pueden llevar a personalidades
flemáticas, coléricas, melancólicas y sanguíneas, respectivamente. Los griegos en el
periodo poshipocrático emplearon tratamientos psicológicos, como la inducción del
sueño, interpretación de los sueños a cargo de sacerdotes y el diálogo con el paciente.
Hipócrates, fue el primero en describir y clasificar racionalmente enfermedades como
la epilepsia, la manía, la paranoia, el delirio tóxico, las fobias, la histeria y las psicosis
puerperales.
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Más tarde Platón (427-347 a. n. e.), y luego su alumno Aristóteles (384-322 a. n. e.),
consideraron con base en los planteamientos hipocráticos que los trastornos mentales
eran en parte orgánicos, éticos y divinos. Los romanos, en voz de Celso (25-50 a. n. e.),
Areteo (50-130? n. e.) y Galeno trataron el tema de las enfermedades mentales, pero
fue Galeno quien hizo una recopilación de los conocimientos existentes hasta entonces.
En la Edad Media la Iglesia excluyó la psiquiatría de la medicina, y la estudió bajo el
nombre de demonología, volviendo las enfermedades mentales al obscurantismo.
El Renacimiento, llegó presentándose como un periodo de humanismo y conocimiento,
pero se convirtió en todo lo opuesto para la psiquiatría. En 1486 los monjes dominicos
Heinrich Kramer y Jacob Sprenger publicaron el Malletus maleficarum (Martillo de las
brujas), con el auspicio de la Santa Sede bajo el papado de Inocencio VIII, quien
reconoció la existencia de la brujería en su bula Summis desiderantes affectibus. Así,
las enfermedades mentales se convirtieron en una “conspiración contra el cristianismo”,
lo que llevó a la muerte de miles de enfermos en la hoguera, considerados “poseídos
por el demonio”, por lo que la incineración era un acto de piedad con el enfermo para
“liberar su alma del maligno”.