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resultados obtenidos por Enríquez y otros(11) en un estudio realizado con 35 familiares,
en el que describió como cuidador principal a la figura materna (62 %).
En el análisis de los familiares según edad en la muestra seleccionada prevalece el rango
de 30-39 años. A diferencia de la investigación en los resultados que exponen Amorin y
otros,(12) Enríquez y otros,(11) en una muestra de 43 y 35 familiares, respectivamente,
prevaleció el rango de edad de 40-49 años.
Cuando se analiza el nivel de escolaridad, en el presente estudio prevalece el de
bachiller en familiares de infantes con TEA. A diferencia de estos resultados, otros
estudios consultados reportan el predominio del nivel universitario. Así, Leyva y otros(13)
analizaron una muestra de 14 familiares, en la que predominó el nivel universitario en
el 85 % de los casos; Amorin y otros(12) con una muestra de 43 familiares, también lo
reportan en más del 60 % y Enríquez y otros(11) refirieron el 71,4 % de familiares con
estudios superiores.
En relación con el nivel de conocimientos de partida sobre el TEA que poseían los
familiares antes de la intervención, fue insuficiente en la muestra seleccionada. Estos
resultados coinciden con Calzadilla y otros(10) y Leyva y otros,(13) quienes describieron
carencias en el nivel de preparación y de conocimientos de las familias sobre los TEA.
También Martínez y otros(14) refieren que su estudio demostró limitaciones en el nivel
de preparación de los familiares.
Según Martínez y otros,(14) las intervenciones psicoeducativas con familiares de infantes
con TEA incrementan su nivel de conocimientos, reducen sus necesidades de
información, elevan el nivel de preparación, les ayudan a estimular la comunicación y
la socialización. En este sentido Bravo(15) refiere que el progreso de los infantes con
diagnóstico de TEA se ve beneficiado cuando sus familiares reciben asesoramiento o
entrenamiento a través de un programa psicoeducativo. También la propuesta de
Hernández y otros(16) evidencia en su investigación que un grupo de familias de infantes
con TEA mostraron cambios significativos en cuanto a nivel de conocimientos después
de participar en programas psicoeducativos. Estos resultados coinciden con los
beneficios obtenidos con la presente investigación, en la que después de aplicada la
estrategia de intervención psicoeducativa el nivel de conocimientos de los familiares
sobre la patología neuropsiquiátrica resulta significativamente suficiente y favorece la
preparación del núcleo familiar para afrontar el espectro de alteraciones que supone
en la mayoría de los casos la presencia del autismo en la infancia.
Diversos autores ponen de manifiesto que la necesidad de obtener información y
conocimiento se erige entre las más destacadas de los familiares, sobre todo la
necesidad de adquirir conocimientos generales sobre los TEA, así como preparación
sobre cómo enfrentar la problemática que se presenta y conocer cómo cuidar al
infante.(10,12,13,14,15) A propósito, Barthélémy y otros(2) refieren la importancia de
considerar al entorno familiar como clave de cualquier programa de intervención y
considera fundamental su implicación durante el tratamiento terapéutico.