Por otra parte, alrededor de la mitad de las víctimas manifestaron baja autoestima, timidez o retraimiento
social y la insatisfacción en la relación de pareja de los familiares. En una proporción similar de casos se
encontraron antecedentes de maltrato o abusos previos y el consumo de alcohol por parte de los familiares,
así como sentimientos de miedo y vergüenza experimentados por los menores. Esto coincide con lo
encontrado en un estudio en que exponen como factores de riesgo importantes la insatisfacción en el
matrimonio, los antecedentes en los adultos de maltrato y/o abuso sexual, y el abuso de alcohol o drogas.
(13)
Otras propuestas con hallazgos similares especifican que las consecuencias emocionales a corto plazo son
la ansiedad y el miedo generalizado, la culpa, la vergüenza y el rencor hacia los adultos.
(14)
A largo plazo,
la situación suele complicarse generándose dificultades para el autocontrol de los estados emocionales
(15)
y secuelas emocionales que limitan en desarrollo personal posterior de las víctimas.
(16)
Algunos autores han subrayado que son las características del abuso, víctima y agresor, los factores
situacionales y, especialmente, las variables cognitivas de la víctima, los elementos idóneos para explicar
la gravedad de los síntomas que pueden instaurase posterior a una situación de ASI.
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Las figuras paternales fueron dominantes y/o violentas con un bajo control de los impulsos y consumidores
de alcohol como característica de los padres. Respecto a los sentimientos, también fueron menos frecuentes
la culpa, la angustia, la confusión y el asco, la impotencia, el placer y la satisfacción. Esto coincide con
estudios que proponen como factor de riesgo importante el pasar tiempo a solas y las pautas de crianza
desfavorables que se traducen en el desamparo afectivo y abandono emocional y físico del menor y la
presencia de sentimientos de angustia, ambivalencia y confusión, culpa y vergüenza.
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En otros estudios se ha encontrado que en la mayoría de los casos no se emplea la fuerza física, ni se
provoca dolor físico y muchas veces se genera una respuesta fisiológica placentera para el niño o niña ya
que el abusador estimula sus zonas genitales.
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En la presente investigación, estuvieron totalmente ausentes: las acciones de protección vinculadas a la
prevención del ASI llevadas a cabo por la familia y la estrategia del agresor consistente en frecuentar sitios
donde hay niños y el reclutar víctimas a través de otros niños. En este sentido, se aprecia diferencia con
relación a lo encontrado por otros investigadores,
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quienes proponen un conjunto de consejos prácticos
para que los niños y niñas sean abiertos a la comunicación acerca de las cuestiones sexuales, entre los
cuales se encuentran enseñarles los nombres de las partes privadas del cuerpo y a cuidar de ellas para no
depender de otras personas para hacerlo, enfatizar que el agresor puede ser tanto un familiar como una
persona desconocida, animarles a decir no cuando no deseen ser tocados, entre otras.
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Otros estudios