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se asignaba crédito a trabajos preliminares muy connotados en la literatura psiquiátrica
peruana.
(3,12,17,18,19)
En ese momento se instaló la primera sistemática y nosotaxia
regular para la psiquiatría, psicología médica y psicoterapia. La problemática que siguió,
y es exclusivamente propia, es la de encuadrar los signos y síntomas psicológicos con los
propuestos, en lo que el trabajo de Alva y otros
(1)
es pionero y lo consolidó
magistralmente. Es necesario proveer de validez científica y confiabilidad a eventos
como estos, por medio de categorías del diagnóstico de dichos síndromes culturales, es
relevante el trabajo de Weller y colaboradores,
(10)
al catalogar las sintomatologías en
un formato clínico, presentando una semiótica donde el paciente que padece dicho
síndrome cultural presenta características prevalentes tales como: ansiedad, creencias
anormales (el daño, la brujería), y los trastornos del sueño con pesadillas nocturnas,
configuran aspectos claves que constituyen la nosografía
(13, 20, 21, 22)
.
Las consideraciones territoriales, culturales y de grupo humano también influyen en la
catalogación propuesta, lo cual permite inferir que verdaderamente un síndrome
cultural es dependiente de la condición cultural específica y presenta movilidad
generacional. Uno de los temas que más preocupan en el tratamiento de una
enfermedad o trastorno es el tiempo de duración o patocronia, porque es durante ese
tiempo que se manifiesta la no funcionalidad de la persona, lo cual merma la calidad
de vida y, por obvias razones, el estado de salud.
Toda efectividad terapéutica que se asigne a un trastorno se valorara en proporción
directa con la tasa de alivio. Es importante destacar que se encontraron diversos
tiempos de duración: de 1-5 días, que es poco frecuente mientras que el síndrome tenía
una duración de 2-3 semanas; y otra proporción de sujetos afirmaba que el evento
duraba una semana. La diferencia de territorialidad hace que nuestros resultados no se
articulen con otros.
(21,22)
En esos trabajos la patocronia es de cinco días a lo mucho y en
nuestros resultados el proceso dura mucho más: de 1-3 semanas, con lo cual destaca el
binomio cultura–territorio. Es necesario recordar que, a menor tiempo, mayor capacidad
de recuperación, por lo que eventos agudos son más recomendables que los crónicos,
esto por la adaptabilidad o alostasis,
(23)
en la que las personas aprenden a convivir con
el cuadro nosográfico y se adaptan. El rito chamánico lo que trata es de generar una
restitución de la normalidad, justamente por medios sugestivos que tratan de vencer
las somatizaciones que el síndrome desarrolla en los sujetos que lo padecen.
El estudio de un síndrome cultural no debe estar desligado de las formas de tratamiento
con las que se interviene. Lo realmente interesante de estos trastornos dependientes
de la cultura es la no existencia de signos biológicos ni de estructuras determinables por
anatomía patológica y cuyo tratamiento no responde a los usos convencionales de la
psicofarmacología ni de las psicoterapias clásicas y dinámicas, solamente al ritual
chamánico. Por tanto, la forma de tratamiento cultural es compatible con el síndrome
cultural, bajo esta línea de percepción se presenta la tabla 8 dentro de un enfoque
nosotáxico en la psiquiatría folclórica. Está clara la concepción de una división de las
enfermedades en “enfermedades de Dios” o “enfermedades para el curandero”, lo que
coincide con trabajos preliminares,
(1,19)
en los en la base de ese antecedente se presenta
la idea colectiva en los sujetos que al no ser esta una “enfermedad de dios” le