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redes sociales y plataformas de streaming. También resalta que fueron los estudiantes
de Psicología quienes reportaron mayor PGP en el ICSP-VC.
Los resultados obtenidos en este estudio tras la evaluación de la calidad del sueño para
la categoría de malos dormilones fueron inferiores en comparación a los resultados
encontrados en otras universidades, como la Universidad de Caldas, en 2016; la
Universidad Tecnológica de Pereira, en 2015; y la universidad de Cartagena, en 2012,
en las que se observó que el 77,1 %, 79,3 % y el 88,1 % de los estudiantes,
respectivamente, tienden a tener mala calidad del sueño y ameritan tener algún tipo
de atención.
(15,16,17)
También fueron inferiores a los resultados obtenidos en la
Universidad Autónoma de Bucaramanga, en 2015, en la que encontró que el 80,55 % de
los estudiantes presentaba una mala percepción de la calidad del sueño.
(3)
De igual
forma, estos resultados son inferiores a los reportados por distintos autores como Del
Pielago y otros
(18)
en estudiantes de medicina del Perú, con un porcentaje de 79,9 %
para 2013; Abdullah y otros,
(8)
quienes describieron una mala calidad del sueño del 76
% en estudiantes saudíes de Medicina. Asimismo, esos resultados son similares a los
reportados por Lund y otros,
(19)
quienes explicaron que más del 60 % de los estudiantes
universitarios evaluados en el Medio Oeste (Estados Unidos) en 2010 se consideraban
malos dormilones. Esos resultados
(19)
son inferiores debido a que la mayoría de los
estudiantes realizó el aislamiento preventivo obligatorio en compañía de sus familias y
en sus hogares, lo cual pudo influir positivamente en la calidad del sueño.
(20)
Con respecto a la higiene del sueño, se reportó que el 97 % de nuestros participantes
antes de dormir utilizaron terminales de visualización de video (VDT), como teléfonos
inteligentes. Resultados similares a los incluidos dentro de la revisión de bibliografía
realizada por García y otros.
(4)
Además, el 24 % de los participante usaban
frecuentemente alguna sustancia que podría afectar el sueño,
(4)
frente a un 15,5 % y un
9,73 % de consumo de cigarrillo y alcohol antes de dormir, reportado en esta
investigación y cercano al 27,05 % de participantes que consumieron con alguna
frecuencia bebidas estimulantes. Gianfredi y otros
(6)
mencionan que el 77,6 % beben
café en las últimas horas de la tarde, teniendo entonces una asociación
estadísticamente significativa (p = 0,000) para una alteración en el sueño.
García y otros
(4)
y Abdulah y otros
(8)
reportan que entre el 6 % y 34,3% de los
participantes afirmaron tener un dormitorio ruidoso en algún grado, frente a un 11,25 %
de los participantes de esta investigación. Adicionalmente, Abdulah y otros
(8)
reportaron
que el 33,8 % dormían en una habitación en la cual había luz en algún grado, frente al
39,2 % reportado en nuestra investigación.
Dentro de los hallazgos encontrados, observamos que menos del 40 % de los estudiantes
de la FCS de la UPTC se consideran buenos dormidores, lo cual puede estar relacionado
con la sensación de estrés que se experimentó durante el APO secundaria a la pandemia
de COVID-19 y el distanciamiento social que se presentó con su círculo social, lo cual
los llevó a un empleo excesivo de VDT y su uso antes de dormir. Estos dispositivos fueron
utilizados para mantener comunicación entre familiares y amigos, asistencia a clases
virtuales, reuniones, simposios, congresos, uso de plataformas de streaming, entre otras