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Latorre Forcén y otros
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plantean que este síndrome afecta fundamentalmente a
jóvenes y adolescentes ya de por sí sensibles, tímidos, introvertidos, con pocas
relaciones de amistad y con una percepción del mundo exterior como algo violento que
les agrede constantemente. A todos estos precedentes pueden sumarse las malas
relaciones en el seno de la familia. Se ha descrito la existencia de una mayor incidencia
en varones. La vida de estos pacientes se desarrolla en una habitación de la que no
salen, refugiándose normalmente en un mundo virtual, rodeados de videoconsolas e
internet, de los cuales solo el 10 % lo utilizan para relacionarse con otras personas. Este
proceso de aislamiento es gradual y comienza cuando empiezan a recluirse en su
habitación cada vez por más tiempo, como absorbidos por internet, dejan de llamar y
quedar con sus escasos amigos y empiezan a descuidar sus estudios. Es aquí donde
comienza esta especie de suicidio social. Todo lo hacen sin salir de casa, alterando
incluso sus ritmos diarios: duermen durante el día, comen por la tarde y se pasan la
noche jugando videojuegos o viendo la televisión. También descuidan su higiene y no se
comunican ni siquiera con sus familiares. Algunos atemorizan a sus padres y tienen
comportamientos agresivos; otros, se ven abrumados por la tristeza, la obsesión, la
ansiedad y la depresión desencadenadas por el encierro, llegando al suicidio en algunos
casos.
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El fenómeno del Hikikomori presenta diferentes grados. En su manifestación más
extrema, lleva a la reclusión en la propia habitación durante décadas. En 2010 una
encuesta del gobierno japonés arrojó la cifra de 700 000 jóvenes que padecían
Hikikomori. Los síntomas pueden variar, alternándose episodios de violencia explosiva,
generalmente con sus padres, y comportamiento infantil. Otros síntomas son los
trastornos obsesivos, la paranoia o la depresión. El promedio de edad del Hikikomori ha
aumentado durante las últimas dos décadas, de los 21 años a los 32 en la actualidad.
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Meng Wong y otros
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realizan una diferenciación entre Hikikomori primario y
secundario. En el primero no hay evidencias de trastornos psiquiátricos asociados,
mientras que, en el segundo, el aislamiento social se relaciona con otras patologías,
siendo la depresión la más frecuente. La depresión ha sido, además, reportada en
pacientes adictos a internet, aún sin presencia del Hikikomori. Cabe destacar que esta
clasificación es teórica y aún no se cuenta con evidencia empírica que la respalde.
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Como posible etiología de este síndrome se han descrito varios factores: la tecnología y
el mundo virtual en el que viven rodeados los jóvenes, llegando a perder el contacto
con la realidad; factores familiares, los que ejercen una excesiva presión sobre los
adolescentes; escasa comunicación; factores sociales, en relación a la presión de la
sociedad hacia el conformismo y la uniformidad y el rechazo a lo diferente; factores
económicos, relacionados con los horarios de trabajo de los padres, que les impide pasar
tiempo con sus hijos e imposibilita una adecuada comunicación familiar.
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Hayakawa y otros,
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en un estudio cuyo principal objetivo fue determinar la presencia
de biomarcadores en el Hikikomori, señaló la asociación negativa entre las
personalidades evitativas, las lipoproteínas de alta densidad (HDL-C) y el ácido úrico en
hombres. La asociación positiva se estableció con productos de la degeneración de la
fibrina (FDP) y una alta sensibilidad a la proteína C reactiva (hsCRP) en mujeres. Se