Este material es publicado según los términos de la Licencia Creative Commons Atribución–NoComercial 4.0. Se permite el uso,
distribución y reproducción no comerciales y sin restricciones en cualquier medio, siempre que sea debidamente citada la fuente
primaria de publicación.
• Familias con carácter autoritario: con padres que ejercen un control férreo sobre
sus hijos “…esto se hace así porque yo lo digo…” y además con una escasa
comunicación, suelen educar niños obedientes, pero también dependientes,
culpables y deprimidos. En estos, la autoestima suele ser baja, los que los hacen
vulnerables a la tensión y fácilmente irritables, lo que puede favorecer en
consumo de drogas, debido a su déficit de afecto y autoestima.
• Familias de estilo permisivo: con escaso control de los padres y que no plantean
a sus hijos tareas acordes a su edad, ni le señalan límites, conllevan a que los
menores no asuman responsabilidades en la vida. Estos niños cuando crecen
pueden convertirse en adolescentes conflictivos, que transgreden las normas
sociales y buscan nuevas experiencias, lo que los hacen más propensos a
experimentar con drogas potentes.
• Familias de estilo negligente e inconsistente: los padres tienen una baja
exigencia en las responsabilidades familiares y educativas, conlleva a que los
adolescentes muestren un escaso sentido del esfuerzo personal y desarrollen un
autoconcepto negativo. En estos hay una mayor predisposición a padecer
trastornos psicológicos y desviaciones de conducta, lo que los hace más propenso
al consumo de ciertas sustancias para suplir sus problemas emocionales y
carencias afectivas.(2)
La familia se presenta como núcleo desencadenante de conductas de riesgo, si el
adolescente la percibe como un ambiente hostil, este buscará un grupo que le brinde
seguridad. Lo que puede conducir al consumo de drogas, la promiscuidad y las conductas
violentas.(27)
Al inicio, el uso de drogas produce sensaciones positivas como son el bienestar, la
felicidad y el coraje. Sin embargo, a largo plazo puede causar alteraciones graves,
especialmente cuando se utilizan por mucho tiempo.(28)
Independientemente del contexto en el que se genere este consumo (familia,
comunidad, entorno socioeconómico y sociocultural, amigos, ideologías, etc.), su inicio,
también estaría determinado por motivos personales. (29)
Todo consumo lleva a un grupo de síntomas fisiológicos, psicológicos y
comportamentales. Entre los trastornos fisiológicos están las convulsiones, los cambios
del ritmo cardíaco y, a largo plazo, el deterioro del sistema nervioso central (SNC).
Entre los psicológicos se encuentran las alucinaciones, las tendencias paranoicas, los
trastornos del estado de ánimo, la depresión, la neurosis, los trastornos del sueño, así
como también deterioro y debilitamiento de la voluntad.(29) Los trastornos
comportamentales llevan a consecuencias de tipo social, pues los consumidores pueden
participaren agresiones o conflictos violentos por la pérdida de la asertividad o pueden
llegar a delinquir o cometer actos violentos como robos e, incluso, asesinatos.