Estimada editora
En la época actual la internet no es solo una herramienta de consulta, también se ha
convertido en parte de la construcción de la identidad de los adolescentes, siendo un espacio
de información y, a la vez, es un escenario donde estos pueden ser reconocidos y validados.
Este espacio, que en primera instancia ofrece diferentes posibilidades de avance, abre la
puerta a prácticas que conllevan a la dependencia digital generando cambios significativos
en hábitos como la alimentación, el sueño y la interacción social. (1) La adicción a internet
(AI), comprendida como la utilización de dispositivos digitales conectados a la red de manera
compulsiva y problemática, es un tema que merece atención desde la medicina en el área
psicológica, pero también desde otras miradas como la educativa en donde se puedan prever
y prevenir conductas de riesgo en los adolescentes y promover herramientas de afrontamiento
a los retos que se les presentan.
Un aspecto poco investigado, que se considera importante, son las consecuencias de la AI en
las conductas diarias. La resiliencia se ve fuertemente afectada en adolescentes con tendencia
a evadir los conflictos prefiriendo refugiarse en entornos digitales como una forma de escape
a la realidad. (2) En este mismo sentido, cuando el entorno familiar no cuenta con un
acompañamiento constante, la internet puede convertirse en una alternativa a esta ausencia
siendo un sustituto de la comunicación y el afecto, lo que puede acrecentar aún más el
distanciamiento emocional, factor que agudiza la dependencia tecnológica.(3) Estas
situaciones, muestran la fragilidad de los contextos sociales que hacen parte del desarrollo
en la adolescencia y no solo se debe considerar como un problema individual y aislado.
Estudios recientes indican que los jóvenes que padecen AI presentan diversas situaciones que
combinan factores de índole familiar, escolar e individual, donde cada uno de estos
contribuye de diversas formas a la constitución del problema general. (4) Sin embargo, la
solución no solo debe enfocarse en el tiempo de uso de los dispositivos digitales, pues no es
la cantidad, sino el nivel de compulsión y la falta de capacidad en generar interacciones
reales, desarrollar creatividad y tener autonomía. (5) Esto, vuelca la mirada hacia el desarrollo
de estrategias que permitan prevenir problemáticas y promover el relacionamiento social y
no solo limitar o prohibir el uso de la tecnología.
Es así como la escuela juega un papel relevante al implementar programas de aprendizaje
digital crítico. Procesos educativos que permitan gestionar mejor el tiempo en internet,
reconocer factores de dependencia y llevar al adolescente hacia la comprensión de que el uso
excesivo puede generar consecuencias negativas en el manejo de emociones, puede marcar
la pauta hacia el manejo de la AI. (6) Estas estrategias educativas deben complementarse
desde los currículos para que sean parte integral del proceso y se pueda reconocer el papel
que tiene el uso de internet en la vida de los adolescentes. Así mismo, es necesario que la
comunidad educativa conformada por los docentes, familiares y profesionales en salud
escolar, comprendan, a través de la formación, la manera en que la AI afecta la vida de los